
Alejandra Rojas AlcarazDerechos Humanos y Justicia Social, Sociedad, Cultura28 de septiembre de 2021
«Recesión de contrato». Me di cuenta una vez más del peso que tienen estas tres palabras. Lo único que quería era trabajar. Solo quería estar aquí. Sentía que incluso decir estas cosas me hacía parecer una codiciosa. Solo derramé todas las lágrimas que estaba aguantando. (El amor es un capítulo aparte, capítulo 13).
Precarización laboral femenina es el trasfondo que El amor es un capítulo aparte (K-drama estrenado en 2019) deja a la vista detrás del romance. La trama sigue a Dan-i, una mujer de 37 años, divorciada y a cargo de una hija de doce, que después de siete años de impasse (pausa) laboral desea y necesita reinserción laboral. La serie, por momentos, tiñe situaciones con flores y corazones: para quienes buscan drama y amor, funciona; y también puede atraer a quienes se interesan por el mundo editorial y los libros. Pero lo más filoso aparece cuando el melodrama corre un poco la cortina y asoma el trabajo.
Esto implica señalar que la reseña/crítica con la que avanzaremos contiene espóiler. Focalizaremos en algunos capítulos a elección para profundizar el análisis sobre la precarización laboral femenina en el personaje de Dan-i.
Ahora bien, se deben considerar secciones del discurso de 2017 de Christine Lagarde —ex directora del Fondo Monetario Internacional y actual presidenta del Banco Central Europeo— a la Red Coreana de Mujeres de Finanzas. Lagarde comienza su discurso sobre el empoderamiento femenino al recurrir a la base de datos; a partir de allí analiza la situación de las mujeres coreanas:
«Cuando muchas mujeres treintañeras abandonan su trabajo para formar una familia, generalmente pierden un decenio o más de plenitud de su vida laboral. Reinsertarse en la fuerza de trabajo constituye un reto. Para las que sí lo hacen, las oportunidades pueden ser limitadas. Muchas toman empleos no regulares, o nunca alcanzan el siguiente peldaño en la escala profesional.» (Lagarde, 2017).

La cita extraída permite comprender la situación social y económica en Corea en el año 2017. El amor es un capítulo aparte muestra tal panorama; por lo tanto, ¿en qué punto dejan de cruzarse la ficción y la realidad? Los elementos que engloban la ficción permiten apuntar la mirada a ella: situaciones amorosas, encuentros espontáneos, situaciones inesperadas, un tinte paródico para aligerar el ambiente tenso, etc. Pero ese cruce de realidad y ficción también puede leerse desde la precarización laboral femenina.
Dan-i es una mujer de 37 años, recientemente divorciada —mejor dicho, abandonada por su esposo— con una hija de doce años y desempleada. El primer capítulo muestra de manera contundente la situación de las mujeres que, tras un impasse laboral, les es casi imposible la reinserción laboral. Sin importar experiencia, títulos, certificados o capacidades varias: tras una pequeña salida del mercado laboral, eso ya no importa. En el caso de Dan-i, el marido fue el soporte durante los años del matrimonio; cuando ese soporte desapareció, Dan-i necesitaba un trabajo.
La necesidad y desesperación —ya en el primer episodio— revelan la dura realidad que vive una mujer de 37 años como Dan-i. ¿Cuántas más mujeres, con una historia de vida como la de Dan-i, viven esta situación? Las capacidades en marketing de Dan-i se ven opacadas por la urgencia de reinsertarse; y la precarización se vuelve visible a medida que el primer capítulo muestra la multiplicidad de trabajos o pluriempleo precarizado que posee para solventarse y solventar a su hija.
Así también, otro punto que revela la dura realidad de la precarización es la mentira: una mujer capaz debe mentir para poder conseguir un trabajo medianamente digno, con un sueldo estable y en un ambiente que a ella le gusta. Dan-i empieza a trabajar en la editorial Gyegoo como asistente administrativa. Trabajando en un puesto inferior a sus capacidades y experiencias laborales, todo ello queda en el olvido porque lo que importa es trabajar.
Volvamos un momento al discurso de Christine Lagarde en 2017. En este punto, se puede diferir, matizar o adherir a sus palabras basadas en datos:
«Las propias actitudes de las mujeres están cambiando. El porcentaje de mujeres coreanas que desean mantener su empleo más allá de que contraigan matrimonio y tengan hijos aumentó de 17% en 1988 a 56% en 2009.»
«Además, una preocupación que se ha planteado con respecto a la incorporación de más mujeres en la fuerza laboral es que podría reducir la natalidad (…) Tales temores son injustificados (…) Los países nórdicos han demostrado que la natalidad y una gran participación femenina en la fuerza laboral pueden ir de la mano si se cuenta con políticas de apoyo (…) Esto me lleva al papel que desempeñan los padres (…) Muchos padres no toman licencia porque temen que ello tenga consecuencias en el trabajo.» (Lagarde, 2017).
Lagarde plantea una situación “plana” en el sentido de que se apoya en números y diagnósticos macro, mientras que la serie baja ese mismo problema a una escena con nombre y cuerpo. Aun así, el dato es brutal: Corea del Sur tiene todavía una de las tasas más bajas de participación laboral femenina en Corea del Sur dentro de la OCDE: 20 puntos porcentuales por debajo de los países con mejor desempeño; a las mujeres se les paga alrededor de 37% menos que a los hombres (brecha salarial de género en Corea del Sur) y ocupan solo el 2% de los cargos gerenciales superiores (Lagarde, 2017).

Un dato clave es cuando en la novela se descubre la mentira de Dan-i: la despiden por estar sobrecualificada para el puesto y, de acuerdo con las políticas de la empresa, no pueden trasladarla a otro departamento ya que se encuentra contratada bajo contrato. La sobrecualificación y precarización laboral se tocan ahí: tanto en la ficción como en la realidad, el concepto también forma parte de la estructura que engloba la precarización.
Lagarde sintetiza el discurso en nombre del FMI: «(…) el FMI seguirá integrando el empoderamiento de las mujeres (…) porque liberar el potencial de las mujeres es una prioridad (…) El momento de actuar es ahora.» (Lagarde, 2017). Pero ¿lo es? Sí: el momento es ahora, pero se requiere el reconocimiento de las grandes empresas, ya que estas son dirigidas por estas personas. La liberación del potencial femenino también fue apreciada en Japón tras el duro impacto de la pandemia: economistas consideran a las mujeres como una fuente de salvación económica. En la actualidad, ¿puede Corea reconsiderar la misma fuente de salvación para su país?

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