En plena Avenida Santa Fe, un cartel inmóvil anuncia una puerta que parece llevar a otro ritmo. La Galería Bond Street no se visita: se atraviesa. Entre murales, grafitis y pasillos intervenidos, conviven la memoria de su renacer under en los 80 y el pulso actual de tatuajes, piercings, ropa y librerías raras. Un refugio que resiste, a metros de la rutina.



